Obediencia, ¿una virtud?
Cumplir una orden que implique una ilegalidad es tan condenable en el mundo privado como en el público. El militar no le debe obediencia a su superior jerárquico cuando éste le ordena torturar a un prisionero indefenso. Un policía no le debe obediencia a su estructura de mando cuando ésta desarrolla una política represiva a los derechos humanos en perjuicio de los ciudadanos. Los funcionarios públicos pueden negarse a ejecutar una orden que implique una ilegalidad o un acto inconstitucional.

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