El mandato del amor
El amor que el cristianismo demanda es un amor crucificado. Quien ha comprendido el mensaje de Jesús siempre se pondrá al lado del sufriente, del despojado, del encarcelado. Pero eso tiene su costo. La solidaridad en un mundo de pecado inevitablemente conducirá a la cruz. No debe sorprender que, igual que Jesús, los seguidores de su mensaje sean maltratados y despreciados. Los creyentes superficiales se sorprenderán cuando vean al cristiano fiel al lado de los vulnerables y preguntarán: ¿por qué estas allí? Pero la pregunta correcta debe ser para ellos mismos: ¿por qué no estás tú allí?

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